La frase del mes

"...Yo no estoy contra la policía, simplemente me da miedo..." (Alfred Hitchcock)

11 abril 2007

Día de lluvia

La verdad que de lo único que me dan ganas es de estar tirado en la cama viendo tevé. Es contradictorio. Pero a veces me agarra melancolía de esos tiempos en los que solo me tiraba a ver televisión. Y mate cocido bien dulce y tortas fritas de mi vieja. Películas de clase B, policiales y de ciencia ficción. Ahora eso lo puedo hacer algun que otro domingo. Un rito que llamo la pelicula pedorra del domingo. Pero no esta el mate cocido. Estan los pochoclos, eso sí. Los días de lluvia sobran por esto del cambio climático.
Igual no sé para que pienso esto si después cuando estoy en la cama tirado panza arriba me cuestiono que no puedo ser un parásito tirado ahi haciendo nada y me remuerde la conciencia poca que tengo tanto tanto que al final me paro me pongo un abrigo y salgo a caminar para que las piernas se muevan un poco y porque el medico dice que caminar es sano y ya lo comprobe que es así porque antes pesaba 100 kilos, sí 100 kilos casi, y ahora estoy en 82,5 gracias a que no estoy tirado en la cama comiendo pochoclo todo el día y mirando películas pedorras y de clase B.
Pero falta el mate cocido. Eso sí que se extraña. No hay nada que hacerle vieja hay una sola pero desde hace un tiempo casi no la veo. Estamos ambos en otra.
Es que no solo los chicos crecen. Los padres también crecen. Los tíos, las abuelas, los nietos. Los padres que fueron hijos. Las tías que fueron sobrinos, las abuelas que fueron nietos. Y que también tuvieron sus días de lluvia, películas, teatro, la radio o el diario. Pero en algún momento seguro dijeron no puedo estar todo el día criando panza y salieron de sus casas y algunos cruzaron el océano para armar nuevas vidas en tierras mejores, o eso pensaron, y después de semejante proeza y de todos los riesgos y de todas las enfermedades que esquivaron o contrayeron y después algunos curaron y otros se fueron con ellas, llegó un día en que estaban cansados y dijeron mejor me tiro a hacer nada, mirar el techo y nada más, encontrarme conmigo mismo, evaluar lo que hice lo que hago, si está bien, si es lo que quiero, si estoy feliz o qué me hace falta para serlo.
Cuantas cosas se habran pensado entonces un día de lluvia. Y que explicación tendrá la ciencia que se activa en las neuronas que hace que esos momentos sean tan intensos. O que el hecho de mirarse el ombligo lo parezca en esos días húmedos y grises.
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