La frase del mes

"...Yo no estoy contra la policía, simplemente me da miedo..." (Alfred Hitchcock)

16 junio 2012

Radio La Savia, un fanzine 2.0, y educativo

Estaba escuchando un palo de lluvia sonar. Me decía a mí mismo: "¡qué increíble este instrumento!, cuánta paz me produce, cuánta evocación de los momentos que paso con la naturaleza". Cada vez que escucho alguna banda que usa este instrumento sencillo, que es apenas un palo hueco cubierto con semillas, arroz, o piedritas, me recuerda a los campamentos, las caminatas al lado de los arroyos, el frío de la montaña. Y en ese pensar es cuando hago un parate en lo que estoy haciendo y lo que hice. En los proyectos. En lo que aporto, o no, hacia los demás.

Cuando tenía 12 o 13 años comencé a hacer revistas: me acuerdo, y mis amigos que me han sufrido en ese entonces seguramente se acuerdan, de las horas que pasaba armando las secciones para Icaro, Conexión (a la que saqué con cc la primera vez, aunque no lo crean: Revista Conección, así de bruto nomás), Big Bang, El Buitre y por último Bandoleros del Papel. Ahí paré. Empecé a trabajar en la revista La Maga, pero eso será otra historia. En aquella época, a estas pequeñas publicaciones, se las llamaba "fanzines", y estaban de moda en el submundo de los que queríamos hacer medios alternativos. Quizá la comparativa a estos momentos son las páginas de facebook, los twitter, los blog de distintos grupos y organizaciones. Ya sé, parece una estupidez semejante comparación, pero créanme que éramos grupos de loquitos con distintos intereses pero con la idea de mostrar lo que hacíamos, de comunicar, o vender, o intercambiar, o conmover hasta las tripas.

Había fanzines de todo tipo. Y nos reuníamos en Parque Rivadavia a "vender" o "intercambiar" nuestras visiones. Alguna que otra vez en el Jardín Japonés, me acuerdo. Era una feria de fanzines de poesía, de cultura, algunas publicaciones anarquistas, muchas historietas. A mí me había inspirado la revista Clepsidra, Mutantia y lo poco que en ese entonces había leído de los poetas ultraístas: en especial Girondo, cuando vi por primera vez su poesía con forma de espantapájaros.

Volviendo a la idea de las redes sociales de ahora, y salvando las distancias, me hacen acordar un poco a eso: cada uno con su voz, mostrando lo que no dicen los "grandes" medios de comunicación. Y digo "grandes" entre comillas porque habría que ver bien quién llega más en la actualidad ¿no?

Capaz me fui un poco de la idea que me vino a la mente desde que escuché el palo de lluvia. Pero a eso iba cuando me puse a divagar en mis primeros años de adolescencia. Me preguntaba qué hacía que un ruidito de la naturaleza se asociara con esta idea de las revistas, los "fanzines" y los medios alternativos. Y creo, sin temor a equivocarme, es el hecho por un lado de que en esos momentos en que estoy en contacto con la pacha mama, me detengo a pensar qué hago de mi vida, qué aporto, cuánto me quedo, cuánto doy, si es coherente o tiene algún rumbo lo que hago.

En el preciso momento en el que sonó el palo de lluvia cuando escuchaba un disco hecho de madera de La Chilinga se dispararon todas esas imágenes y recuerdos que aquí dejo impreso digitalmente vaya a saber por qué. Quizá porque esta semana estuve al lado de uno de los héroes que inspiraron muchas ilusiones y proyectos de mi vida: Osvaldo Bayer, el cuál en persona ES como me imaginaba. Con la humildad de un grande, del cual escribiré seguramente cuando se me cruce otro movimiento de una pieza musical o crepitar de la naturaleza y me dispare ideas para escribir en este blog. Quizá porque esa visita en la escuela, sumado a la nota que me hicieron en Clarín por uno de los proyectos que vengo fogoneando hace algunos, el de Radio La Savia, me hicieron preguntarme hacia dónde voy, qué quiero hacer, por qué.


Y ahí, en ese preciso instante en que ese instrumento tan humilde, sencillo, que captura tan hábilmente un sonido de la tierra, me acorde de los fanzines. De lo que había escrito, a modo de editorial, casi como pretendiendo ser un gran periodista, en un fanzine que con mucha suerte alcanzaba los 500 ejemplares. Pero no importa la cantidad. Importa en este momento que suena esta música lo que me había propuesto en ese entonces, en verdad lo que decía: que la educación era la esperanza. No era una frase tan genial. Pero al menos, si le hubiera prestado un poco de atención más adelante, me ahorraría tantas vueltas. Porque en aquél entonces con apenas 13 años, me decía: "con la educación podemos cambiar la realidad". Es obvio que de algún lado había sacado la idea. Pero era eso ¡una idea! Y hoy, 41 años después, me doy cuenta que siempre creí en esa idea. Sigo creyendo en la educación como la única vía de crecimiento. Y no me refiero a un hecho salomónico. En ese entonces, con el ímpetu adolescente quizá sí, quizá era la visión tradicional: el maestro iluminado, el guía y bla bla bla...

Eduación como espacio de intercambio. Como lugar para conocer distintas culturas y pensamientos. Para mirar, observar, sentir y apropiarse de las cosas que nos motivan. En esa ensalada de ideas me he metido. Y en esa ensalada de pensamientos es que intento darle rumbo a este pequeño espacio llamado Radio La Savia. Un espacio generado en base a una idea. Digamos que la idea se ha transformado hoy en ese nombre. Y como siempre me ha gustado ponerle nombre a los proyectos, sería La Savia la continuación lógica de los anteriores. Un fanzine en lenguaje 2.0 inmerso en la educación.
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